Irán advirtió que cualquier ataque contra sus instalaciones eléctricas provocará ofensivas directas contra activos energéticos, tecnológicos y plantas desalinizadoras de Estados Unidos e Israel.
La república islámica respondió al ultimátum de Donald Trump, quien amenazó con “aniquilar” centrales eléctricas si Teherán no abre el estrecho de Ormuz.
Trump publicó en redes que Washington destruiría “varias centrales eléctricas”, empezando por la más grande, lo que podría referirse a Bushehr o al complejo de gas Damavand.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica aseguró que empresas con acciones estadounidenses serían “completamente destruidas” si se cumplen las amenazas, y anunció cierre total de Ormuz.
El Parlamento iraní advirtió que la respuesta elevaría los precios de la energía, mientras el ministro de Energía denunció graves daños en agua y electricidad.
Reuters señaló que un ataque eléctrico sería catastrófico para vecinos del golfo Pérsico, dependientes de energía y desalinizadoras para sostener ciudades en el desierto.
En paralelo, Israel reportó embates contra bases militares iraníes, instalaciones de defensa y centros de producción de armamento vinculados al ministerio de Inteligencia y la Guardia Revolucionaria.
Misiles iraníes impactaron en Arad y Dimona, cerca del complejo nuclear israelí, dejando 300 heridos, incluidos 11 graves, según fuentes médicas locales.
Benjamin Netanyahu acusó a Irán de atacar Jerusalén y llamó al mundo a unirse contra Teherán, calificando a la Guardia Revolucionaria como “banda de criminales”.
La crítica apunta a que la guerra energética y militar escala hacia un escenario global, donde infraestructura vital se convierte en blanco y la población civil en víctima.
