Israel atacó el yacimiento de gas South Pars en Irán, golpeando refinerías en tierra, tanques de almacenamiento y unidades en alta mar conectadas al campo energético.
En represalia, Irán lanzó misiles y drones contra Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y la ciudad industrial de Ras Laffan, principal centro energético de Qatar.
QatarEnergy confirmó daños considerables en Ras Laffan. Este complejo que abarca 300 kilómetros cuadrados y es responsable de 20 % del comercio mundial de gas natural licuado.
El ataque marcó la primera ofensiva contra instalaciones de producción desde el inicio de la guerra. Intensificando la crisis regional y la tensión en mercados energéticos.
Donald Trump aseguró en Truth Social que “no sabía nada” del ataque israelí, aunque advirtió que Estados Unidos respondería con fuerza si Irán golpea Qatar.
South Pars representa 70 % de la producción de gas iraní, vital para consumo interno y exportaciones hacia Irak y Turquía, pese a sanciones occidentales.
La paralización de Ras Laffan afecta directamente el suministro global de GNL y helio, insumo clave para semiconductores y diversas industrias estratégicas.
El bloqueo del estrecho de Ormuz ya había reducido exportaciones, pero ahora los ataques directos a instalaciones energéticas amenazan con prolongar la crisis por meses.
Los analistas advierten que reparar los daños costará mucho dinero y tomará mucho tiempo, lo que podría mantener en tensión los precios del petróleo y del gas durante un largo periodo.
La crítica apunta a que la guerra energética abre un nuevo frente global, donde la infraestructura de combustibles fósiles se convierte en blanco estratégico y vulnerable.
