El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, ofreció excusas públicas tras un mandato judicial que lo sancionó por violar el principio de laicidad del Estado.
La resolución emitida por un juez determinó que el mandatario vulneró la neutralidad religiosa que exige la Constitución Política durante la ceremonia de toma de posesión.
El evento de investidura incluyó la participación activa de un rabino, un sacerdote católico y un pastor evangélico en un acto con cánticos y alabanzas.
Durante el protocolo inicial, el gobernante incluyó vivas a Israel frente a un altar de la Virgen de Fátima, provocando recursos legales de impugnación.
Al dar cumplimiento al fallo, el jefe de Estado afirmó que la carta magna ampara su derecho a profesar libremente su fe en el ámbito público y privado.
Sin embargo, el gobernante manifestó que si el acto generó incomodidad u ofendió a sectores de la sociedad, ofrecía disculpas institucionales como presidente.
Al concluir su mensaje oficial de rectificación, el mandatario ultraderechista lanzó nuevamente la proclama «¡Qué viva Cristo!» ante los asistentes y medios presentes.
De la Espriella, quien anteriormente se declaraba ateo, argumentó un proceso de transformación personal que lo acercó a distintas agrupaciones religiosas durante la campaña.
Diversas organizaciones e iglesias evangélicas respaldaron su plataforma electoral, logrando colocar a varios de sus representantes dentro del gabinete ministerial actual.
El fallo judicial sienta un precedente sobre los límites entre las manifestaciones personales de fe y los deberes protocolarios de los funcionarios en funciones públicas.
Sectores de la oposición señalaron que el mandatario mantuvo una actitud desafiante al emitir consignas religiosas al término del mensaje de disculpa obligada.
Las autoridades judiciales mantendrán el seguimiento de las actuaciones del Ejecutivo para garantizar el cumplimiento estricto del carácter laico del Estado.
