La edición número 68 de los Grammy se convirtió en un escenario de críticas contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), con artistas como Bad Bunny, Billie Eilish y Gloria Estefan manifestando su rechazo a las políticas migratorias de Estados Unidos.
Las posturas de las celebridades no pasaron desapercibidas para el gobierno. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) emitió un comunicado oficial en su cuenta verificada de X, acusando a los artistas de fomentar “odio” contra los agentes federales.
“Mientras las celebridades de Hollywood se avergonzaban a sí mismas tratando de fomentar el odio hacia los oficiales ICE en los Grammy, las fuerzas del orden del DHS estaban trabajando arduamente para arrestar a delincuentes sexuales, abusadores infantiles y criminales condenados por agresión en Minnesota”, señaló el mensaje, en referencia a la Operación Metro Surge, realizada el pasado fin de semana.
El Departamento de Seguridad defendió la labor de ICE, subrayando que sus agentes cumplen funciones esenciales en la detención de criminales peligrosos, mientras que las críticas públicas en eventos de alto perfil como los Grammy podrían afectar la percepción ciudadana sobre su trabajo.
Las declaraciones del gobierno han generado debate sobre el papel de las celebridades en la denuncia de políticas migratorias y el impacto de sus mensajes en la opinión pública. Por un lado, artistas y activistas sostienen que visibilizar los abusos es parte de su responsabilidad social; por otro, las autoridades insisten en que estas críticas ponen en riesgo la legitimidad de las instituciones encargadas de la seguridad nacional.
El choque entre cultura pop y política migratoria refleja cómo los escenarios artísticos se han convertido en plataformas de protesta, amplificando tensiones entre el gobierno y figuras influyentes del entretenimiento.
