El INEGI del estado de Puebla logró reducir la pobreza laboral en casi tres puntos porcentuales durante el último año, al pasar de 42% a 39.2%, según datos del INEGI.
El indicador, medido a través de la ENOE, refleja que más trabajadores cuentan con ingresos suficientes para adquirir la canasta alimentaria.
Lo que representa un avance tangible en el bienestar de miles de hogares.
La mejora coincide con una tasa de desocupación cercana al 2.5%, uno de los niveles más bajos en años recientes.
Sin embargo, la lectura crítica de los datos revela que la informalidad laboral permanece por encima del 70%.
Lo que significa que la mayoría de los empleos siguen sin ofrecer seguridad social, estabilidad ni prestaciones.
Especialistas señalan que la reducción de la pobreza laboral está vinculada al fortalecimiento del mercado interno y a la recuperación gradual de los salarios tras años de presiones inflacionarias.
No obstante, advierten que mientras la informalidad continúe en niveles tan altos, el avance puede resultar frágil y difícil de sostener en el largo plazo.
En términos prácticos, menos trabajadores enfrentan dificultades para comprar alimentos esenciales, pero muchos siguen atrapados en condiciones precarias de ocupación.
El riesgo es que una eventual desaceleración económica o un repunte inflacionario revierta rápidamente los logros alcanzados.
En el contexto nacional, Puebla se coloca en una trayectoria positiva de recuperación, pero los desafíos estructurales —informalidad, bajos salarios y desigualdad regional— siguen siendo un obstáculo para consolidar un desarrollo incluyente.
La reducción de la pobreza laboral es un paso importante, aunque insuficiente si no se acompaña de políticas que ataquen de raíz la precariedad laboral.
