Legislar a toda prisa no construye legitimidad, todos los detalles de esta legislación «al vapor» aquí en PueblaNews.
En México, ya no sorprende que el Congreso trabaje a marchas forzadas. Lo que resultaría realmente inusual sería verlo actuar con orden, reflexión y tiempo para el análisis. En apenas nueve días del 23 de junio al 1 de julio se aprobaron 17 dictámenes legislativos, muchos de ellos con impactos profundos en la vida pública. Como si de una carrera contrarreloj se tratara, se votó todo antes del plazo previsto.
Este estilo acelerado de legislar no es exclusivo del gobierno actual ni de esta Legislatura. Aprobar reformas “al vapor” se ha vuelto una práctica casi institucionalizada. Legisladores, tanto de la mayoría oficialista como de la oposición, votan sin leer a fondo. Basta con que les indiquen si deben alzar la mano a favor o en contra.
Algunos veteranos incluso presumen, con cierto cinismo, su capacidad para digerir documentos de más de 200 páginas horas antes de votar. Pero no se trata de presumir velocidad, sino de reconocer el riesgo de aprobar leyes sin deliberación, sin escuchar, sin entender.
Reformas clave aprobadas sin discusión profunda
Entre los temas que se aprobaron en ese periodo se encuentran reformas de gran calado:
- Una nueva Ley de Inteligencia que concentra bases de datos públicas.
- La CURP biométrica obligatoria, con implicaciones en materia de privacidad.
- Geolocalización en tiempo real, supuestamente con orden judicial.
- La militarización formal de la Guardia Nacional, ahora con facultades de investigación.
- Una versión suavizada de la controvertida Ley de Telecomunicaciones, que meses antes la propia presidenta Sheinbaum había frenado tras fuertes críticas.
También se discutieron temas menos mediáticos pero no menos importantes: desde el uso de delfines en espectáculos, la exportación de totoaba, hasta la incorporación de mujeres patriotas al calendario cívico.
¿Eficiencia o simulación?
El discurso oficial presenta esta rapidez como eficiencia legislativa. La oposición, en cambio, denuncia autoritarismo, espionaje y control estatal. Mientras un bloque grita “¡Big Brother!”, el otro responde con el mantra: “No es espionaje, es inteligencia. No es control, es modernización”.
En el caso de la reforma sobre desaparición forzada, que había sido detenida en marzo tras la presión de colectivos de madres buscadoras, se realizaron foros y mesas de diálogo. Sin embargo, de más de 570 propuestas recibidas, apenas 30 fueron integradas. Lo que se aprobó finalmente fueron cambios cosméticos, que sirven más para justificar un periodo extraordinario que para atender a fondo la exigencia ciudadana.
¿Para quién legisla el Congreso?
Legislar con prisas puede llenar boletines, alimentar conferencias de prensa y engordar estadísticas de productividad. Pero eso no da legitimidad. Un Congreso que no escucha ni siquiera a los suyos, que vota en automático y que improvisa cambios de última hora, no construye el futuro: siembra sospechas, confusión y desconfianza.
No todo lo aprobado es negativo. Algunas reformas tienen potencial, como las que facilitan trámites digitales, combaten el lavado de dinero o buscan fortalecer la búsqueda de personas desaparecidas. Pero la forma importa, y en este caso, la forma mata al fondo.
Porque al final, una democracia no se mide solo por lo que aprueba, sino por cómo lo aprueba.3
Legislar a toda prisa no construye legitimidad.
