Nicolás Maduro enfrenta una ardua batalla para ganar las elecciones presidenciales del 28 de julio, con encuestas que lo sitúan muy por detrás del opositor Edmundo González Urrutia.
En su búsqueda desesperada de apoyo, Maduro ha recurrido a estrategias metafísicas y religiosas.
En un reciente acto en Trujillo, Maduro afirmó haber recibido una bendición divina, señalando una luz milagrosa sobre una tarima donde, según él, se manifestó José Gregorio Hernández, el “médico de los pobres”.
Este evento recuerda su campaña de 2013, cuando afirmó haber sentido la presencia de Hugo Chávez en forma de pájaro.
Según Hercón Consultores, González Urrutia lidera con el 67.3% de la intención de voto, frente al 23.5% de Maduro.
Ante este panorama, el chavismo recurre a una mezcla de milagros, eventos de entretenimiento y desinformación, financiados con recursos del Estado y amplificados por el control mediático.
Nicolas Maduro también ha buscado apoyo en diferentes credos, destacándose su alianza con pastores evangélicos, presentándose como defensor de la familia tradicional y enemigo de la cultura occidental, similar a líderes como Putin y Ortega.
El sociólogo Gianni Finco señala que Maduro usa símbolos religiosos para ganar apoyo, destacando su profunda vocación por las señales metafísicas.
La campaña de Maduro ha sido objeto de críticas y burlas. Intentos de convertir pequeños grupos en multitudes y eventos insólitos, como su aparición en un concierto de reguetón financiado con dinero público, han minado su credibilidad.
Andrés Izarra, exministro chavista, calificó la campaña de Maduro como “sin precedentes” en su repudio.
El Partido Comunista de Venezuela (PCV), antiguo aliado del chavismo, lo resumió como “circo sin pan”.
Las encuestas independientes confirman que la estrategia de Maduro no está funcionando, mientras la popularidad de González Urrutia crece.
El futuro de Venezuela y de su presidente es más incierto que nunca.
