La leyenda de D Rose, ha comenzado oficialmente tras anunciar su retiro de las duelas, es que el MVP más jóven de la historia.
Al MVP más joven de la historia lo han querido retirar muchas veces. Los sospechosos han sido varios: lesiones graves, cambios de equipo, Tom Thibodeau, estrellas emergentes en su misma posición, cumplir los treinta, su cambio de estilo en la cancha, la pérdida de explosividad… todos esos motivos han sido precipitados y fallidos, hasta el jueves, cuando la decisión fue propia.
Aunque este anuncio marca su despedida oficial, su gira oficiosa de retiro comenzó hace un par de años, cuando, tras regresar al Madison para iniciar su segunda etapa con los Knicks, lo vimos adoptar rápidamente un rol diferente y distante al que había tenido en temporadas recientes: un suplente de lujo y candidato al Sexto Hombre del Año.
Desde octubre de 2021, Rose había dado un paso atrás en sus aspiraciones, no solo en cuánto jugaba, sino en cómo manejaba el hecho de quedar fuera de la rotación con frecuencia, aun teniendo la capacidad suficiente para seguir disfrutando en la cancha. Protestar, hacer gestos de molestia o pedir un traspaso jamás formaron parte de su código de conducta. Pero esta vez, parecía más dispuesto que nunca a aceptar el curso natural de las cosas. Jugó 26 partidos en la temporada regular 2021/22, 27 en la 22/23 y 24 en la 24/25, a pesar de la ausencia de Ja Morant y de ser superado en la rotación por novatos irrelevantes.
Su tiempo como veterano en la cancha había llegado a su fin, dando paso a un nuevo rol a medio camino entre el jugador activo y el que ya piensa en el retiro: ser un mentor desde el banquillo.
Durante un tiempo, lo fue todo
Pero hasta entonces, hasta que asimiló que había dejado de luchar contra la corriente, vivimos diez temporadas en las que era absolutamente imposible verlo entrar a la cancha, botar el balón… y no sentir una emoción esperando que sucediera algo increíble.
Algunos lo llamarán nostalgia, y no les faltará razón. Otros lo llamarán esperanza, y tampoco estarán equivocados. Porque si algo demostró D-Rose es que de lo imposible solo nos separa un poco más de voluntad.
El número 1 del Draft de 2008, que dejó no pocas estrellas (Westbrook, Love, Dragic, B. López, DeAndre Jordan) y un buen grupo de jugadores sólidos (Michael Beasley, O.J. Mayo, Gallinari, Eric Gordon, D.J. Augustin, Ibaka, Hibbert, Batum, Pekovic, Chalmers, Rush, R. Anderson…), llegó con la fama de ser el más capaz de trasladar sus habilidades formidables a la NBA.
No solo no defraudó las expectativas, sino que cuando terminó su primer partido de playoffs en 2009 contra los vigentes campeones «los Boston Celtics de Rondo, Allen y Pierce», comenzamos a darnos cuenta del calibre de jugador que los Chicago Bulls habían seleccionado.
La leyenda de D Rose
